Consuelo Abellán reseña “Rojo y oro” de Selene M. Pascual e Iria G. Parente.

Rojo y oro

Rojo y oro

 

 

 

Hoy en OrigenCuántico, Consuelo Abellán, compañera de fatigas, amiga y jefa del cortijo en Diseccionadores de novelas, reseña Rojo y oro de Selene M. Pascual e Iria G. Parente. Gracias compañera por apoyar la iniciativa #ReseñaNovelasDeAutoras y sobre todo, por ayudar a visibilizar escritoras españolas de género.

Sinopsis

Escuchad, mortales,
la historia de un dios que no quería vivir,
de una amazona obligada a matar
y de su libertad para siempre robada.
Aguardad y temed el despertar del caos:
cuando Eris abra los ojos,
la venganza al fin llegará.

Orión está cansado de ser el esclavo de Hera desde que su madre, la diosa del Caos, fue condenada por su ambición. Hera le ha tratado siempre más como un criado que como el dios que es. Y quiere que eso acabe.

Asteria está cansada de luchar. Desde que el pueblo de las amazonas fue arrasado hace años, ella y sus hermanas viven esclavizadas y obligadas a servir al Emperador de Élada como gladiadoras. Y quiere que eso acabe.

El mundo de Orión es dorado como solo puede serlo la grandeza de los dioses; el mundo de Asteria es rojo como solo puede serlo la sangre que derrama cada día.

Ambos buscan venganza hacia quienes los encadenaron en esos mundos.

Ambos buscan libertad, y harán lo que sea necesario para conseguirla.

Reseña de Consuelo Abellán

Empezaré esta reseña pidiendo disculpas por anticipado por las incorrecciones que pudiera contener y los errores de juicio que voy a cometer con toda seguridad. Es la primera vez que escribo una reseña, y el único interés que me mueve es poner mi modesto granito de arena en el empeño de mi amigo Arkaitz Arteaga, siempre preocupado por promocionar la buena literatura de género y desfacer entuertos, allí donde los ve. Así que cuando lanzó su reto “Las mujeres no escriben novelas de género en España”, me di cuenta que yo tampoco había leído muchas novelas escritas en castellano por mujeres en 2017, ni las había visto reseñadas, y me lancé a estudiar la larga lista que al final pudo conseguir Arkaitz. Elegí un libro y me comprometí a  leerlo y a reseñarlo. Y aquí estoy.

Selene M. Pascual e Iria G. Parente

Selene M. Pascual e Iria G. Parente

Lo primero que quiero explicar es por qué elegí este libro. Siempre me ha gustado la mitología griega, desde niña. Así que cuando leí la sinopsis de “Rojo y oro” me dije: “este para mí”. Lo que no sabía, pero no tardé en descubrir, es que es un libro en principio dirigido a un público más joven (error mío: en Amazon, donde compré el e-book, aparece claramente con la etiqueta “Literatura juvenil”, entre otras, así como la edad recomendada, que me he asegurado de colocar aquí junto a la imagen de la portada).

 

Pero bueno, salvando mi despiste, el libro es lo que la sinopsis promete, y nos cuenta la historia de una mortal, Asteria, que se ve envuelta en las luchas internas de los dioses, que la manipulan y la utilizan como instrumento de sus múltiples venganzas, arrastrándola hacia un destino incierto pero que se adivina terrible, y contra el que ella nunca deja de luchar. Este argumento, así resumido, puede sonar a camino trillado, escrito y leído innumerables veces, pero la originalidad del libro, desde mi punto de vista (téngase en cuenta que hace muchos años que dejé de leer literatura juvenil) radica no en la historia, sino en la creación del mundo en el que esta se desarrolla y, sobre todo, en la caracterización y reparto de papeles entre los personajes.

El universo de la novela, aunque inspirado fundamentalmente en la mitología griega, mezcla también elementos de otras culturas. Se divide en tres niveles: Mundo Superior, donde habitan la mayoría de los dioses, Mundo Medio, habitado por mortales, y el Inframundo, donde Hades reina entre los muertos (veo aquí reminiscencias de la mitología nórdica y sus tres mundos, Asgard, Mitgard y Utgard). En el Mundo Superior reina una cierta anarquía. Zeus, el padre de los dioses, está ausente desde hace tiempo, campando por el Mundo Medio a la búsqueda de bellas mortales a las que seducir, y desatendiendo completamente los asuntos de gobierno. Hera, su esposa despechada, hace su voluntad en el reino de los dioses y se entretiene torturando al pobre Orión (un gigante en la mitología griega, pero aquí convertido en el dios de la Vida, condenado a la esclavitud desde la cuna por los delitos de su madre).

El Mundo Medio está regido por un tirano protegido por los dioses, al estilo de los emperadores romanos, cuyo principal entretenimiento son las luchas de gladiadores (una nueva mezcla de culturas) y, sobre todo, de amazonas esclavizadas y obligadas a luchar en el circo para conservar la vida. Entre todas las amazonas, destaca por su fuerza y habilidad guerrera, y por su capacidad de entrega y sacrificio, la protagonista de este libro, Asteria.

Y así tenemos ya a los dos personajes principales, Orión y Asteria, en torno a los cuales gira toda la historia, que ellos mismos se van alternando para contarnos en primera persona. A partir de aquí es cuando las cosas empiezan a parecer menos trilladas. Resulta que Asteria es la heroína de esta novela: una mujer fuerte, comprometida con sus hermanas amazonas, dispuesta al sacrificio y a luchar hasta el fin por el bienestar de su pueblo. Orión, el protagonista masculino, se presenta al principio como un ser débil, lloroso y blandito, a pesar de su naturaleza divina. Entre los personajes secundarios, los femeninos son fuertes, llenos de carácter y determinación. Hera impone su voluntad en el mundo de los dioses. Ligeia, confinada en su casa por orden de su hermanastro, el emperador-tirano, para evitar un posible intento de derrocamiento, se refugia en su biblioteca y constituye la voz de la sabiduría. Eris, madre de Orión, diosa del caos (de la discordia), busca venganza contra quienes la condenaron por su desmedida ambición y por el asesinato de Perséfone, y parece capaz de destruir el Mundo Superior ella sola. Atenea y Artemisa conspiran contra Hera para ayudar a Orión y a las amazonas. Como personajes masculinos tenemos al emperador, un tirano cruel y sanguinario; a Zeus, algo así como un patético y divino viejo verde; Hades, que solo ansía vengarse de Eris por arrebatarle a su esposa… y pocos más. Así que la asignación de papeles no es en absoluto trillada ni tradicional. Además, Asteria, cuando habla en plural, y como amazona criada entre mujeres, utiliza siempre el femenino inclusivo: “las mortales”, “las diosas”, refiriéndose a hombres y mujeres, dioses y diosas por igual.

La inclusión de personajes no normativos y la asignación de papeles en la historia sin que el género del personaje sea determinante son muy de agradecer en cualquier obra de ficción. Cada vez más autores y autoras se preocupan por no encasillar a sus personajes en función de su género, por incluir personajes LGBT sin que su papel en la trama gire exclusivamente en torno a su orientación sexual y, en definitiva, por acabar con prejuicios y estereotipos inútiles y que son claramente discriminatorios. Y si se agradece en cualquier novela, yo creo que este empeño es especialmente importante en la literatura juvenil, dirigida a mentes y personalidades aún en formación, y seguramente bastante influenciables. Que los jóvenes crezcan absorbiendo la igualdad y la diversidad por todos sus poros es la única forma de que podamos conseguir un futuro libre de discriminación.

Dicho esto, espero que haya quedado claro que aprecio la intención de las autoras, y que me parece loable. No, loable no, necesaria. Sin embargo, desde mi punto de vista de lectora ya talludita, creo que el resultado podría ser mejorable. Y creo que podría mejorar precisamente si esa intención no fuera tan evidente desde el principio del libro. En mi opinión (y es solo eso, una opinión) el contraste entre los personajes masculinos y femeninos es algo exagerado, sobre todo al principio. Es cierto que con el transcurrir de la historia los dos protagonistas evolucionan (y este es otro aspecto positivo a resaltar): Asteria se va dulcificando (hasta cierto punto) y Orión se endurece (un poco) y termina tomando iniciativas importantes en la trama. Pero me dio un poco la impresión de que la forma de hacer que destaquen los personajes femeninos consiste en reducir casi a la ridiculez a la mayoría de personajes masculinos. Orión me resultó patético durante la primera mitad del libro, el emperador es odioso y cruel sin motivo aparente (en fin, siempre tiene que haber un villano), Zeus es el gran ausente durante gran parte de la historia y, cuando aparece, da una imagen lamentable. Me llegué a preguntar si en realidad no sería fallo mío, acostumbrada a roles de género tradicionales, y que precisamente me choca cuando se cambian esos papeles. Pero creo que no. En la literatura fantástica actual hay bastantes ejemplos de libros con personajes fuertes, masculinos y femeninos indistintamente, principales y secundarios, que transmiten perfectamente la idea de igualdad sin hacer de ella algo que destaque o llame la atención, sino que simplemente se asume de forma natural, digamos que como parte de la construcción del mundo. Si construimos un mundo igualitario para ambientar la historia, no es necesario resaltar la fortaleza de unos ni los defectos de los otros. He leído libros así y me he sentido perfectamente cómoda con ellos. De hecho, algunos están entre mis favoritos. Por otro lado, pero en la misma dirección, a lo largo del libro abundan las explicaciones sobre por qué Asteria habla en femenino plural, casi cada vez que lo utiliza ante un personaje nuevo. Creo que hoy día estas explicaciones no son necesarias. Quedaría más natural si Asteria, simplemente, hablara así. Es una amazona y las amazonas son mujeres. Lo natural es que el plural sea femenino para ella, sin más.

Y este es el único pero que le pongo al libro. Por lo demás, la historia transmite valores como el amor y la amistad, la lealtad, el sacrificio por los demás, la lucha contra la opresión, la inutilidad de la venganza y, me atrevería a decir, la sororidad (Asteria se enfrenta a todos y a todo para salvar a sus hermanas amazonas). Así que es una lectura perfectamente recomendable. Para todas las edades. Incluida la mía.

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