Un artista del hambre y Un artista del trapecio. Relatos cortos de Kafka.

Un artista del Hambre

Un artista del Hambre

 

  • Autor: FRANZ KAFKA
  • Año: 1924
  • Lengua: CASTELLANO
  • Fecha de lectura: Octubre de 2016

 

 

 

 

Pues no, no soy tan osado como para meterme a valorar estos 2 relatos, pero como venían junto con “La Metamorfosis” en la edición que me he leído, quiero hacer un pequeño comentario sobre estas dos cortas pero inmensas joyas de nuestro amigo Franz Kafka.

Es complicado llegar a entender el cúmulo de sensaciones que puede hacerte sentir este autor con un relato de 7 páginas (no los tengo delante, pero creo recordar que “Un artista del trapecio no llega a las 8 páginas). Como dije cuando hablé sobre “La metamorfosis”, “Kafka se lee en una hora, te deja sin moverte, en el sitio, dos horas y te hace reflexionar diez”. Pues en este caso:

Los relatos cortos de Kafka se leen en 10 minutos, te dejan sin moverte, en el sitio, dos horas y te hacen reflexionar diez.

Antes de comenzar con mi reflexión, he de reconocer que he necesitado ayuda para llegar a entender la profundidad del trasfondo que intentan reflejar estos 2 relatos. Sí, he buscado entre los cientos de opiniones de expertos que hay por la red. Me han sorprendido mucho algunas interpretaciones que hace la gente, así que si tenéis un rato, consultad con “San Google”.

Leerlos como si fueran una simple historia de 2 personajes extraños, que entregan su vida a sus peculiares maneras de ver su propio arte, no es suficiente. Así que os recomiendo reflexionar un poco sobre los textos, ya que yo no soy quién para hacerlo por vosotros, no os puedo ayudar en eso.

Lo que sí que puedo comentar es que al igual que otros textos de Kafka, la dificultad no se encuentra en su lectura, que es sencilla, clara y con un estilo narrativo ágil, casi cinematográfico. La dificultad se encuentra en “el después de la lectura”.

Como decía, gente mucho más inteligente y experta en la materia ha escrito decenas de miles de palabras sobre la interpretación que ellos creen que debe de hacerse de los relatos, pero me ha resultado muy curioso como me he sentido identificado con los artistas.

Se puede decir que soy todo lo contrario a un artista, o por lo menos, lo último que la gente relaciona con un artista es a un informático. Y en parte estoy de acuerdo con ellos, por lo menos en lo que a mí se refiere.

Aunque generalmente los que me rodean me consideran un gran profesional y es posible que lo sea, siempre he adolecido de una de las cualidades que más valoro en las personas, la creatividad. Y es que aunque soy muy resolutivo, ejecuto e interpreto bien, me cuesta componer (perdonad el símil musical, pero todavía guardo algún recuerdo de mi pasado como estudiante de música, que no músico).

Un artista del hambre me ha hecho reflexionar sobre mi incapacidad de “componer”. He descubierto que tal vez no sea incapaz de componer, tal vez es que “mi arte” no es sencillo de ver.

En el artículo “En lo mejor del ayuno” de Christian Bank Pedersen, reflexionando sobre el texto de Kafka, el autor se pregunta:

¿Qué es la obra de arte? Es una creación sensible, el producto de un hacer, el resultado de una capacidad productiva libre, y como tal, en principio un hecho autónomo, independiente de todo fin ajeno. La obra que muestra Un artista del hambre es él mismo.

Y opina que Kafka quiere plasmar en el relato “la soledad, la perdición, el olvido y los esfuerzos aparentemente vanos de aquellos que viven para el arte”.

Pues tal vez mi arte sea eso, tal vez sea que desde la soledad de mi puesto, que mis compañeros no entienden, aunque me sienta olvidado, intento que mis creaciones (no son partituras, son aplicaciones) se parezcan más a una sonata clásica que al reggaeton. Y por lo menos el tiempo que paso trabajando, que es la mayoría de mi tiempo, vivo para ese “arte”.

Y después, llega el artista del trapecio. Llega el personaje que subido en su trapecio mira a los demás desde la perfección de su arte. Llega el personaje que un día baja del trapecio para viajar y se da cuenta de que la insatisfacción ha llegado a su vida. Tal vez por la soledad de estar subido en el trapecio, tal vez por una cambio en él mismo… El hecho es que pide otro trapecio.

Así me siento yo en la actualidad. He estado subido en mi trapecio de soledad incomprendida aunque alabada durante mucho tiempo, tal vez demasiado. Creo que necesito otro trapecio.

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Informático, friki, padre y lector compulsivo. Espero que mi camino os ayude a realizar el vuestro.

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