Literatura fantástica y autoras en Chile

El pasado 16 de mayo, Nieves Delgado compartía un tweet en el que nos hablaba de un artículo sobre la llamada “literatura femenina” en referencia a la literatura de ciencia ficción escrita por mujeres. Dicho artículo, que podéis consultar aquí, desecha el papel de la mujer en la ciencia ficción en general y, especialmente, la escrita en Chile. A raíz del tweet, todo el equipo de Origen Cuántico nos llevamos las manos a la cabeza porque, aunque no conocíamos en profundidad la situación de la ciencia ficción chilena, nos parecía increíble todo lo que apuntaba el autor. Por eso, decidimos abrir nuestro espacio web a quien quisiera arrojar un poco más de luz sobre este tema y Carlos Páez —con la colaboración de La ventana del sur— recogió el guante.

De ahí nace este artículo que demuestra que, en algunas personas, los prejuicios machistas pesan más que los datos objetivos. 

Esperamos que lo disfrutéis.

Literatura fantástica y autoras en Chile

La ventana del sur, cuyo objetivo es promover y unir a las escritoras Chilenas que escriben en los géneros Fantasía, Ciencia Ficción y Terror para que sean visibles en un mar de lectores que buscan alternativas

Históricamente, la ciencia ficción y, en general, los géneros fantásticos han sido relegados en Chile a su mínima expresión. En un país que publica un promedio de 7000 nuevos títulos al año y donde la literatura corresponde a un 30%, los géneros fantásticos son solo una fracción mínima del total (cuya mayoría son libros de texto educativos). Un cálculo realista es que los títulos nacionales de ciencia ficción en narrativa no superan las dos o tres docenas al año y rara vez pasan de los cientos de ejemplares vendidos.

Esto resulta extraño en un país con la tradición literaria que tiene Chile, con dos premios nobel de literatura y un mercado bastante incipiente, naturalmente pequeño, pero con un poder adquisitivo alto y estable. Chile, aunque es de lejos la nación más desarrollada de latino américa, país OCDE, con un ingreso per cápita al nivel de muchos países europeos, tiene un mercado que no supera los 250.000 lectores asiduos. Una estimación realista no cifra en más de 5.000 los compradores habituales de literatura fantástica nacional, un numero bajísimo pero con gran posibilidad de crecimiento. Chile produce unos 150 millones de dólares totales como industria editorial en poco más de 150 editoriales medianas y grandes, y más de 1500 editoriales pequeñas.

Aunque se pueden rastrear ejemplos desde el siglo XIX (“Viaje a Júpiter” de Francisco Miralles en 1878, en plena efervescencia de la guerra del pacifico), el panorama de ciencia ficción nacional ha entregado autores a cuenta gotas, relegados a círculos muy cerrados y menospreciados, desarrollándose en secreto ante el descrédito intelectual.

A principios del siglo XX aparecen varias utopías y anticipaciones futuristas como “Ovalle: 21 de abril de 2031”, “Thimor”, o “Tierra firme” una impresionante novela greenpunk escrita en ¡1927!. El mismo gran poeta Vicente Huidobro, juguetea con una guerra catastrófica que hunde al mundo occidental en “La próxima”. Si, los poetas también pueden imaginar ciencia ficción.

Luego de la era pulp y los babyboomers, los 60s y tempranos 70s, con su polarización política, agudizaron la visión de la elite intelectual de que los géneros fantásticos eran formas de escapismo que, de hecho, entorpecían el “despertar” de las masas a las “verdades” ideológicas de la época. Aun frente a este panorama, la ciencia ficción chilena vive su mejor época con textos de destacados autores como Hugo Correa, Elena Aldunate y Antonio Montero, entre otros.

Es la figura de Hugo Correa la que resalta realmente en el panorama chileno. Autor habitual de míticas revistas americanas, reconocido por personalidades como Ray Bradbury y traducido a más de 50 idiomas, la realidad es que en el Chile de esos tiempos era poco menos que una anécdota, solo conocido por círculos muy específicos. Es prácticamente post mortem que se reconoce la calidad de Correa en los años 90s y el siglo XXI.

La salvaje dictadura de Pinochet, con su masivo apagón cultural, por supuesto fue otra época de aridez para la fantasía nacional. Fueron pocos los autores que usaron los géneros fantásticos para hacer crítica social velada, como sí pasó en otros regímenes autoritarios en la historia y con otras artes. Distinto fue el caso del cómic, herramienta tradicionalmente más inclusiva. Mientras en el aspecto infanto-juvenil revistas como “Mampato” mantenían la sci fi en la palestra, otras de corte más adulto interactuaban con las publicaciones argentinas y europeas. Es en el cómic donde, de hecho, primero comenzamos a ver una irrupción cada vez mayor de autoras e ilustradoras.

La ciencia ficción popular en Chile recién explota a fines de siglo y comienzos del 2000. La masificación mediática mundial del género, desde Starwars a Marvel, impulsa una mayor preponderancia. En términos simples, por primera vez la ciencia ficción comienza a vender bien fuera del ambiente infantil y de los círculos más fanáticos.
Un hito importante es la apuesta de la editora Andrea Palet por un libro controvertido: “Ygdrasil” de Jorge Baradit, una novela rupturista y difícil de definir que mezcla la sci fi con la fantasía en un estilo denominado “cibershamanismo”. La masificación de la edición también permite que surjan más autores, impulsados por su contacto con el cine sci fi de los 80s, el animé y los comics.

Establecer una historia de la literatura fantástica en Chile es una tarea compleja, mucho material se ha perdido, otros solo vieron la luz en círculos cerrados. Libros con tiradas muy pequeñas o publicados en materiales pobres, autores que escondieron sus nombres, etc.

Lamentablemente, mucho del material histórico disponible en la forma de estudios sobre los géneros fantásticos en Chile corresponde justamente a autores y académicos de corte machista y cercanos a las definiciones más duras de la ciencia ficción, que en general han invisibilizado la obra no solo de autoras, sino en general, de todo aquel que no suscribía sus definiciones académicas.

Las escritoras chilenas en la ciencia ficción.

El panorama para las autoras de género fantástico en Chile durante el siglo XX es especialmente áspero, completamente ajeno a un tema de calidad sino más asociado a lo vapuleado del género, que produce un ostracismo entre sus cultores, quienes rara vez incluyen mujeres dentro de sus círculos, en lo normal volcados chauvinistamente a la ciencia ficción dura o la fantasía tolkiana.

Así solo hay dos ejemplos de autoras en antologías grupales de género ciencia ficción durante la mayoría del siglo XX, algo que suena muy poco, pero debemos considerar que tampoco el número total de autores supera algunas docenas y que estas recopilaciones solían darse dentro de organizaciones muy cerradas, académicamente elitistas, y, por consiguiente, machistas.

La primera de ellas es Elena Aldunate, parte de la gran generación de escritoras de los 50s, que en los años 70s derivó en la ciencia ficción, siempre manteniendo un eje centrado en la mujer y su situación social en la época, a pesar de su aristocrática cuna. En sus cuentos y novelas de género fantástico, Elena usa la anticipación como crítica social al machismo imperante y como visión esperanzadora del rol de la mujer futura.

Elena Aldunate, parte de la gran generación de escritoras de los 50s, que en los años 70s derivó en la ciencia ficción

En “Juana y la cibernética”, Elena crea una simbiosis entre mujer y máquina, erótica y critica a la vez, una temática común en su obra, normalmente implicando otros seres naturales o mecánicos, algo muy adelantado para la época y cercano a la concepción actual. En otros cuentos explora temas como la tecnología y fisiología del proceso criogénico, o la psicología maternal futura. Es, de hecho, uno de los autores más prolíficos del género. En “Del cosmos las quieren vírgenes”, una novela imprescindible, Elena juega con el rol crucial de la mujer en el futuro, donde los “maestros” han decidido que el otorgar el semen a los hombres fue un error, que quieren enmendar creando un mundo de féminas hermafroditas. Siempre sus personajes son complejos, delicados y fuertes a la vez, mujeres femeninas y empoderadas. El uso del humor, una capacidad sensorial impresionante que lleva a descripciones subjetivas enriquecidas, y muchos otros recursos, hoy indispensables, hacen que su obra resulte muy actual y completa.

Su prosa, poética y dinámica, ciertamente no es del gusto de los puristas de la sci fi dura, pero, de hecho, es hermosamente atingente a la realidad actual. Su figura ha sido rescatada en el siglo XXI como la “Dama de la ciencia ficción chilena”, algo que aún provoca escozores en algunos.

El otro ejemplo de participación en antologías de género es con mucho más controvertido, no por su narrativa, sino que por la figura en sí. Mariana Callejas es más recordada por su vida real que por su prosa, por lo demás muy correcta e interesante. Mariana era la mujer de Michael Townley, agente de la CIA y del aparato represor de la dictadura de Pinochet, asesino despiadado, creador de armas de destrucción masiva, torturador, etc. Es el autor confeso de crímenes tan increíbles como el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington DC, usando un auto bomba a unos metros del centro del poder político americano. Pero Mariana estaba lejos de ser la sumisa esposa de un criminal, ella participó activamente en muchas de las “misiones” de Michael, al punto de ser quien efectivamente apretaba el detonador de las bombas. En México, mientras intentaban asesinar a la viuda de Salvador Allende, la pareja tuvo un accidente junto a un agente cubano sindicado como uno de los asesinos de JFK, de hecho, el mismo Townley había sido reclutado y tenía como supervisor en la CIA, al jefe directo de Lee Harvey Oswald.

Mariana Callejas es, para muchos, la peor enemiga que tuvo el general Pinochet

Mientras los crímenes de los Townley se multiplicaban, Mariana era anfitriona de tertulias y fiestas literarias en la mansión que habitaban. Numerosos escritores chilenos departieron con ella en los pisos superiores de la casona, sin saber que en los sótanos y la casa de huéspedes se torturaba y se producían compuestos químicos mortales. La antología de Callejas La larga noche, publicada a principios de los 80s contiene historias llenas de escenas de torturas, bombas y asesinatos, pero a la vez pasajes de gran ternura. Su cuento ¿Conoce usted a Bobby Ackerman?, sobre un sacerdote torturado por una judía, la hizo ganar uno de los mayores certámenes literarios, el del periódico de derecha El Mercurio, mientras que Jess Abraham Jones le da el primer premio en la revista de izquierda La bicicleta.

Mariana Callejas es, para muchos, la peor enemiga que tuvo el general Pinochet. Cuando USA aumentó la presión sobre el régimen militar chileno para atrapar al culpable del atentado Letelier, y la policía secreta chilena entregaba a Townley como chivo expiatorio, Mariana llegó a un acuerdo con el FBI, entregándoles documentos y muestras físicas de las secretas armas de destrucción masiva creadas, creando un cisma que eventualmente propiciaría la caída del régimen. El frasco de perfume Chanel N.5 repleto de gas sarín entregado a los americanos por Mariana es la única porción de las toneladas de armas apocalípticas producidas por la dictadura chilena. El resto posiblemente se vendió a Irak.

Con ese bagaje es fácil entender que la prosa de Mariana es rupturista y dura, interesante de leer, aunque fuera solo por su historia.

Maria Luisa Bombal, por otro lado, considerada como la “princesa de la literatura chilena”, fue una escritora de obra escasa, pero increíblemente significativa. En una época donde el naturalismo realista imperaba, Maria Luisa crea una prosa profundamente poética e íntima, centrada en la soledad de la mujer. Su obra tiene ciertos tintes fantásticos que no solamente dan para incluirla en los géneros de fantasía, sino que impulsaron, por su amistad con autores como Borges, el movimiento de fantástico que terminaría en el realismo mágico.

Maria Luisa Bombal, considerada como la “princesa de la literatura chilena”

Otras destacadas autoras son, por ejemplo, Ilda Cadiz, alias Dolores Espina, con su antología La tierra dormida de 1969, con notables cuentos de ciencia ficción y fantasía. O Myriam Phillips con al menos dos antologías de anticipación fantástica y ganadora de diversos premios literarios.

Mención aparte es el caso de Isabel Allende, la destacada novelista también flirtea con la ciencia ficción en algunas ocasiones, como el caso de El hombre de plata en 1969, donde un niño tiene un encuentro con un alienígena.

Algunos otros casos se les suele asociar directa y maliciosamente con la literatura infantil. Como las entregas de Papelucho y el marciano, de Marcela Paz. Durante el boom de los librojuegos del tipo “elige tu propia aventura” en los 80s, Ana María Guiraldes y Jaqueline Balcells escribieron varias entregas de space opera como Aventura en las estrellas o La rebelión de los robots. Novelas de salto de páginas muy bien escritas y arrebatadoramente entretenidas. Una dupla que exploraría diversos géneros y formas de narración.

Entrados los años 2000, van surgiendo cada vez más voces femeninas en el medio literario fantástico chileno, a medida que toman más terreno, se multiplican las editoras, e incluso surgen muchas mas editoriales manejadas por mujeres, respondiendo al marcado aumento de la preponderancia del género femenino como mayoría lectora.

Francisca Solar, por ejemplo, salta a la fama al crear un fanfic de Harry Potter que sorprende a la misma J.K Rowling.
Alejandra Costamagna, si bien brilla en la literatura más cotidiana y realista, también flirtea con la fantasía en antologías. No es la única, otras como Ángela González, Bernardita Ojeda, o Soledad Veliz, comenzaron a tomarse lugares entre las recopilaciones de cuentos más publicitadas.

Un caso curioso, y completamente contrario, es Carolina Lehman, la supuesta autora de la novela Psique, que en realidad se trataba de los escritores Sergio Amira y Daniel Guajardo, quienes quisieron experimentar directamente la situación de una autora publicando en el género fantástico. La apuesta no fue muy redituable, más aún cuando se supo la verdad, pero es un ejemplo interesante de los problemas que enfrentaban las autoras.

Es en la segunda década de los 2000, que la presencia femenina explota en la narrativa fantástica. La proliferación del género, incluyendo ya generaciones de mujeres que habían crecido consumiendo ciencia ficción y fantasía en el cine, tv y animé, y la masificación de las opciones de auto publicación, han permitido una proliferación de talentos femeninos nunca antes vista.
No se trata de autoras que no pueden compaginar su “emocionalidad” con la sci fi. Tampoco de que adolezcan de un escaso público porque las mujeres no consuman géneros fantásticos, de hecho, venden muy bien. Y aun menos enfrentan un panorama hostil a ultranza porque la ciencia ficción es “un asunto de hombres”, como ciertos artículos han querido asegurar.
En muchos aspectos, las nuevas generaciones de autoras chilenas replican el fenómeno de sus símiles españolas como Elia Barceló, Cristina Jurado, Victoria Álvarez, Iria y Selene, Rocío Vega, Enerio Dima, Nieves Delgado y un gran etc.

Autoras en el Celsius 2018 (Fotografía de Rafa de la Rosa)

La nueva ola de autoras fantásticas chilenas reúne, de hecho, características muy concretas y atemorizantes para algunos colegas:

Suelen tener una calidad narrativa muy alta, muchas de ellas son verdaderos talentos naturales, especialmente si consideramos que aportan elementos más variados en un género normalmente pobre de todo lo que no sea ciencia pura. Romance, humor, diálogos más dinámicos, etc. Son rasgos bienvenidos en la concepción actual de los géneros fantásticos.

Están mejor organizadas que sus contrapartes masculinos, normalmente enzarzados en disputas de egos.

Venden bien, y no solamente al público femenino. Simplemente tienden a conectar mejor con el público masivo, ofrecen un producto más completo y consumible, cercano al lector y con menos ínfulas de ego.

Si, tienen problemas para publicar, como todos en un mercado tan pequeño, pero, por otro lado, están creando sus propias editoriales, en el caso de editoras como Sabi Suasaeta (Espectro ediciones), Carolina Varela (Triada Ediciones), Yamila Huerta (Fenix Dorado) o Daniela Cortes (Loba Ediciones). Y, además, tienen el talento para proyectarse internacionalmente con mayor flexibilidad.

Es cierto que el medio literario chileno, al menos en lo que respecta a los géneros fantásticos, es aún bastante misógino. Pero a la vez, es tan minúsculo y mal organizado históricamente, que los esfuerzos de las autoras y divulgadoras literarias rápidamente lo están sobrepasando. No en vano en la mayoría de los otros géneros, la presencia femenina es mayoría, incluyendo, por ejemplo, el ser varios de los principales editores del país.

Midori Gale (saga archimago y Pacto Clandestino), Nina Rose (Saga, El castillo de Cristal), Daniela Raiman (El Canto de Nereide), Sasami Hanatsuki (La vidente de los reinos), Paula Rivera Donoso (La niña que salió en busca del mar), Yamila Huerta (El mendigo de Karmaf), Carolina Brown (En el agua), Camila Valenzuela (Nieve negra), Claudia Andrade (Maleficio, el brujo y su sombra), Soledad Paiva (Albatross), Claudia García Mendoza (La confederación), Catalina Salem (Capriana), Belen Cereceda (Condenados), Camila Trabucco (Candragar), Sascha Hanning (Misterios y revelaciones en Allasneda), Valentina Carvajal Leiva (El Intruso), Camila Duran Barros (Cazador de colibríes), Jaqueline Herrera (Kawaii), Luz María del Valle (Yacay), Carime Jackson (Almaaz), y muchas otras, ya han publicado obras de género fantástico con excelentes resultados y lo siguen haciendo en forma constante.

Soledad Cortes, Camila Miranda, Cristina Miranda, Amanda Insunza, Francisca Hale, Fernanda Vargas, Marion Garolera, Pamela Rojas, Nidia Bravo, Carolina Saavedra, Ingrid Guzmán y un sinnúmero de jóvenes autoras que ya están dando que hablar y tomando el relevo.

La organización “La ventana del sur”, animada hermana chilena de la española “La Nave invisible”, agrupa a muchas de estas autoras, apoyando, dictando talleres, difundiendo y ayudando en general a visibilizar a las autoras chilenas. Están por estrenar la primera antología de cuentos escritos, revisados, editados y publicados solo por mujeres. La antología Imaginarias reúne en un solo volumen a gran parte de la nueva armada femenina chilena.

“Imaginarias” reúne en un solo volumen a gran parte de la nueva armada femenina chilena.

Imaginaria” reúne en un solo volumen a gran parte de la nueva armada femenina chilena.

Como pueden ver, la situación de los géneros fantásticos, y especialmente de las mujeres en este tipo de literatura en Chile, está lejos de ser marginal y crece día a día.

Las chicas llegaron para quedarse.

O, como se diría en una de las franquicias más queridas de la sci fi, la mítica Battlestar Galáctica:

Ellas se rebelaron, evolucionaron, son muchas… y tienen un plan.

Parte de la bibliografía:

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Carlos Páez
Carlos Páez S. escritor chileno, nacido en el histórico puerto de Valparaíso, autor de: “Kuroijukai, el mar de árboles negros” primera novela histórica japonesa escrita en Sudamérica y publicada en España por Chidoribooks. “Carmona inc” la saga de ciencia ficción más vendida del medio independiente chileno con 4 novelas y 9 ediciones hasta ahora, “Centinelas de felpa”, “Newgen saga, Crónicas”, “Sur oscuro”, “Crónicas australes”, “Chile Z” y muchas más. Ha publicado en la mayoría de revistas de ciencia ficción de habla hispana, participado en varias antologías de género fantástico y dictado talleres de escritura creativa. Estudió medicina veterinaria y enfermería/obstetricia, experto en Japón convenció a su mujer de pasar su luna de miel en Tokio, fue corredor de autos, mecánico, rescatista y empresario, sobrevivió uno de los peores terremotos de la historia y vivió parte de su infancia en uno de los lugares más embrujados de Chile. Reside en Santiago con su esposa e hija.
Carlos Páez

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7 Comentarios

  1. Avatar Romy 22 mayo, 2019
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