“El que susurra”: De la novela a la duda y de la duda al debate.

El que susurra.

El que susurra.

 

 

 

 

Después de reseñar El hombre de tiza de C.J. Tudor, aquí estoy de nuevo con una novela que mezcla el género de Terror con el Misterio y el Thriller. La verdad es que llevaba tiempo sin leer novelas de este estilo y parece que ahora se me acumulan pero, aunque tanto la estructura como la sinopsis puedan ser bastante parecidas, lo que encontramos dentro es bastante diferente. ¿O no?

Penny murió a las tres de la mañana. En ese momento, el viejo reloj del pasillo se paró en casa de las hermanas Morelli, la noche se volvió más oscura y la señora Owens oyó que alguien llamaba a su puerta.

A la misma hora, el sheriff observaba con atención el viejo aserradero de Bridal Veil. Había visto una pequeña luz en uno de los cristales rotos, pero no estaba seguro. Aquella noche no era capaz de conciliar el sueño.

Y no muy lejos de allí, en una cabaña recién alquilada, el escritor Jim Allen dormía plácidamente, como casi todos los demás. Por eso no vio la figura alargada y oscura que pasó muy cerca de su ventana.

Algo había cambiado esa noche en el pueblo de Point Spirit. Algo que iba a perturbar sus vidas aunque ellos aún no lo supieran.

Sí. Penny había muerto. Justo a las tres de la mañana. Cuando todo comenzó.

Tengo que reconocer que cuando comencé con la novela y me encontré de nuevo con un pequeño pueblo, con un Sheriff, un escritor, un ser maligno y un nombre que en vez de Point Spirit bien podría haber sido Maine, me temí lo peor. De hecho, la historia comienza como muchas de las historias de misterio que hemos podido leer en innumerables novelas e incluso tiene una aire a las maravillosas películas de los domingos a la tarde en Antena 3: pueblo tranquilo, sucesos extraños, varias muertes y una serie de personajes y clichés que hicieron que las primeras 100 páginas se me atragantaran un poco. No estoy diciendo este primer tercio no sea interesante, pero se parecía más a una novela ligera, entretenida y casi veraniega que a la novela de terror que esperaba encontrar. Incluso hay momentos en los que ocurren tantos acontecimientos extraños seguidos que parece que la autora está intentando crear un thriller trepidante y se le va de las manos.

La novela dentro de la historia.

La novela en su escenario perfecto.

Es entonces cuando la novela empieza a mostrarnos sus verdaderas armas, suaviza el ritmo y la cosa mejora considerablemente. El estilo de Malenka Ramos es impecable y la manera que tiene de desarrollar los personajes y, sobre todo, las relaciones entre ellos, es magnífica. En este punto es cuando la novela se aleja de la anteriormente mencionada El hombre de tiza, en la que los personajes me parecieron bastante planos aunque la historia me enganchara desde el principio. En El que susurra, la autora centra más de la mitad de la novela en este desarrollo y en ir tejiendo una tela que va relacionando a los protagonistas, tanto entre ellos como con los innumerables secundarios, sin olvidar la trama que sigue de fondo pero casi en un segundo plano. Incluso hay momentos en los que cuesta seguir el ritmo de la autora introduciendo personajes, cuestión que resuelve de una manera brillante utilizando para ello la tela de relaciones que ha ido tejiendo.

Sin darme cuenta me había ventilado la mitad de la novela y me hallaba ante un thriller con pequeños toques de terror, bien construido y entretenido, pero que no me estaba aportando nada nuevo. Y sin avisar, el último tercio de la historia se oscurece de una manera tan brillante y la trama empieza a pegar unos giros tan bien construidos que la novela empieza a ser de todo menos “típica”. Además, te das cuenta de que todo el trabajo que ha hecho la autora durante las dos primeras partes de la trama te tiene completamente enganchado con los personajes, te sientes parte de ellos y te interesa tanto la historia como la maraña de relaciones. Para bien y para mal. Porque sí, hay un aspecto de estas relaciones que me ha hecho sentir cierta incomodidad casi desde el principio: una que me ha hecho dudar y sobre la que me gustaría que gente con más criterio que yo —tanto a nivel literario como desde la perspectiva de género— me ayudara a sacar conclusiones. Pero antes de comentar esa relación, me gustaría decir que la novela va de menos a más, que la cierra de una manera brillante y que la recomendaría con total tranquilidad si no fuera por ese detalle, que además, pienso que podría ser prescindible. O tal vez no.

Malenka Ramos

Malenka Ramos

Aviso de que lo que viene ahora puede llegar a ser un pequeño spoiler para algunos/as, pero necesito que alguien me aclare las dudas o, en su defecto, que se debata el asunto, que no es otro que la relación sentimental y sexual que hay entre dos de los protagonistas: una niña de 16 años y un hombre de 37.

Porque aunque como me comenta la autora «es importante el influjo sobrenatural sobre ambos, que les hace hacer ciertas cosas» y en todo momento «se anteponen los deseos de ella por delante, siempre, del hombre adulto. Incluso su insistencia. Ella es libre, madura, decidida, fuerte y no es engañada», la verdad es que en ciertos momentos me ha resultado bastante molesta. Supongo que para opinar hay que leer la novela pero me gustaría que alguien arrojase algo de luz sobre esta cuestión (sin ánimo de censurar a nadie y teniendo en cuenta que hablamos de ficción).

Mi opinión es que si Elisabeth hubiera tenido 23 años, el efecto de “fruta prohibida” —que tampoco es que me apasione demasiado— hubiera sido bastante parecido y me hubiera sentido mucho menos incómodo. La verdad es que la autora logra crear unos ambientes eróticos muy potentes y no creo que necesite de este tipo de recursos que, a mi entender, rozan lo inaceptable.

Así que aquí me quedo: de la novela a la duda y espero que de la duda al debate.

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Informático, friki, padre y lector compulsivo. Espero que mi camino os ayude a realizar el vuestro.

3 Commentarios

  1. Joan 3 julio, 2018
    • Origen 3 julio, 2018
    • Consuelo Abellán Consuelo Abellán 3 julio, 2018

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