Relatos cortos: “Inchworm” de Cristina Jurado.

Ashes to Ashes

Ashes to Ashes

 

Datos del relato

  • Autor: Cristina Jurado
  • Año: 2016
  • Lengua: Castellano
  • Antología: Whitestar, Palabaristas 2016
  • Fecha de lectura: Diciembre de 2016

 

Siguiendo con mi apadrinamiento virtual (Iniciativa Adopta una Autora), hoy me gustaría hablaros de uno de los relatos de mi admirada apadrinada Cristina Jurado. Si queréis más información sobre el proyecto, podéis echar un vistazo al hashtag de Twitter  o visitar el Blog del proyecto.

De paso, os aconsejo que visitéis de vez en cuando la entrada en la que exponía (por lo menos lo intentaba) mi visión sobre la obra de Cristina , ya que pretendo ir actualizando los contenidos según vaya descubriendo nuevos proyectos. Cristina jurado. Mucho más que una autora

Hace relativamente poco os hablaba sobre Whitestar, una antología de relatos fantásticos (en el sentido más amplio de la palabra) basados en el universo de David Bowie, que está compuesta por historias de 32 autores de España, Argentina, México, Uruguay y Colombia que podéis encontrar en Lektu desde 2,99€ (el precio es libre, cada uno puede aportar lo que quiera sabiendo que los beneficios irán a parar a la AECC).

Portada de Whitestar

Whitestar. Una antología diferente.

En aquella entrada, daba más importancia a la faceta de editora e impulsora de proyectos de Cristina Jurado y simplemente describí por encima la historia que ella misma había creado para la antología, el relato “Inchworm”. Esto es lo que decía del relato en aquel entonces:

Bestial. Es el único relato que he leído 2 veces y probablemente el único relato que me ha hecho dudar de lo que estaba leyendo. No voy a decir más, simplemente aconsejaros que no os perdáis esta joya de Cristina. El último párrafo es probablemente de lo mejor que haya leído nunca, pero a su vez, me ha hecho dudar de lo que quiere decir. Me lo he leído unas 20 veces y cada vez que lo he terminado se me ha quedado la misma cara de estreñimiento crónico. Podría preguntarle a Cristina si de verdad dice lo que pienso, pero prefiero dejarlo tal y como está.

Ha llovido mucho desde entonces, sobre todo han llovido muchas palabras en mi cabeza, provenientes de muchas novelas leídas y cientos de relatos devorados. Además, en vez de leerme 2 veces el relato, me lo he leído 3 veces, esta última con mucha más tranquilidad y con la intención de aportar algo interesante con esta reseña. Espero conseguirlo.

Me gustaría comenzar por algo que me ha llamado mucho la atención, algo que tiene que ver con la inspiración, tanto de Cristina como de Bowie. Este relato es un bucle de creatividad inspirada, una Matrioska en la que cada inspirador e inspirado van metiendo muñecas y el resultado final depende en forma de la autora, pero a su vez, el peso de la muñeca depende de cada una de las vueltas del bucle.

Empecemos con la introducción que hace Cristina del relato, que es lo que despertó mi curiosidad:

El vídeo de la canción «Ashes to Ashes» me persigue desde que lo vi por primera vez, con ocho años. Me fascinaba y me daba miedo por igual. Hay una imagen que se repite dos veces durante el vídeo (en 2:17 y 3:23): es la de David Bowie colgado en una pared, en una especie de sistema de soporte vital, con un montón de tubos que salen de su traje. Cuando investigué, encontré que Bowie se había basado para la tonada final en una canción infantil que interpretaba el actor Danny Kaye en Hans Christian Andersen (1952), una de sus películas favoritas. Este relato es una exploración de mi obsesión con la canción de Bowie.

Esta es la imagen a la que se refiere:

Ashes to Ashes

Ashes to Ashes

La verdad es que la imagen es impactante, pero lo que realmente me interesa, es ver que un vídeo, una imagen y una obsesión por ambos, puede terminar en un relato años después. Proceso creativo, algo que mi cerebro no llega a entender, algo casi mágico, sin reglas, reservado para unos pocos y sin una estructura definida. Voy a dar un paso más, quitemos una capa a la Matrioska.

Ahora me imagino a alguien como David Bowie y una semilla apareciendo en su mente, semilla que más tarde se convertirá en una canción, semilla que probablemente forme parte de su proceso creativo para siempre. Semilla que una tarde, o una mañana quizás, le llevaría a escribir “Ashes to Ashes”, o tal vez Bowie no escribía sus canciones, surgían en su cabeza, en su saxofón, en un teclado…

Tengo que reconocer que Bowie nunca me ha gustado demasiado como compositor, pero ahora que estoy investigando sobre su persona y he visto el vídeo, hay algo en su mezcla de oscuridad y ternura que me fascina. En AcordesModernos hacen una descripción del vídeo y de la canción que encaja perfectamente con lo que os comento:

La atmósfera musical de “Ashes to Ashes”, tan negra y rosa, tan cercana al precipicio, tan hipnótica y pegadiza, con ese sintetizador clave de Chuck Hammer y ese bajo tan funky de George Murray. Bowie recupera al famoso Mayor Tom de “Space Oddity” y nos habla de su bajada al infierno, de su tormento, de su adicción, contra la que pelea… en vano:

“Time and again I tell myself
I’ll stay clean tonight,
but the little green wheels are following me.
Oh no, not again.”

“Ashes to ashes, funk to funky, / we know Major Tom’s a junkie”. El estribillo no puede ser más explícito. Después, Bowie canta algo así como que quiere un hacha para romper el hielo, para descender ahora mismo. A las cenizas como ceniza. Al polvo como polvo. “Hombre, acuérdate que polvo eres y que al polvo volverás” (Génesis, III, 19). Y luego, como broche, viene ese mantra de la madre que dice que, para hacer las cosas bien, mejor no gozar de la compañía del Mayor Tom. Increíble.

Para continuar, es necesario que quitemos una capa más a la Matrioska, porque de momento no veo la relación de la canción con “Hans Christian Andersen”, un escritor de cuentos para ¿niños?.

Esto es lo que dice Bowie de la relación entre “Ashes to Ashes” y la película “Hans Christian Andersen” de 1952 (traducción libre…):

Algo como ‘Ashes to Ashes’ no habría ocurrido si no hubiera sido por “Inchworm”. Hay un elemento de rima de guardería en ella, y algo triste y conmovedor en ello. No dejaba de llevarme de vuelta a aquello que me hacían sentir los pensamientos puros de tristeza que tenía cuando era niño, y al hecho de cómo siguen siendo tan identificables incluso cuando eres un adulto.

Parece que todo empieza a tomar forma, el miedo de Cristina, su obsesión por la canción, el proceso creativo de Bowie… ¿Quitamos una capa más a ver si encontramos algo?

Pues sí, al escuchar la canción “Inchworm” de la que habla Bowie, sobre todo escuchando a los niños cantar la canción, encontramos esa mezcla entre rima infantil y sentimiento de tristeza y miedo que inspiró al artista.

Two and two are four.
four and four are eight,
eight and eight are sixteen,
sixteen and sixteen are thirty-two.

Inchworm, inchworm, measuring the marigolds,
you and your arithmetic, you’ll probably go far.
Inchworm, inchworm, measuring the marigolds,
seems to me you’d stop and see how beautiful they are.
Seems to me you’d stop and see how beautiful they are.
Seems to me you’d stop and see how beautiful they are…

Y aquí deberían de terminar las capas, la Matrioska ya está completa, pero quiero apuntar un par de detalles más que me han llamado la atención. Una subcapa que es probable que no tenga nada que ver en el proceso creativo y en el resultado de este, pero que creo que son curiosas y que pueden cerrar el círculo y romper el bucle.

La primera es una simple casualidad, un dato, un detalle que acerca a Bowie y sobre todo a la canción “Inchworm” a España y a Cristina. Antoni Clavé i Sanmartí fue el responsable de los decorados y del vestuario de la película. Artista español que por circunstancias de la vida emigró a Francia donde crearía gran parte de su obra, entre la que se encuentran los ya mencionados decorados y vestuario de la película “Hans Christian Andersen”, por los que obtuvo una candidatura a los Oscars. Casualidad que me ha recordado a Cristina y su imagen escribiendo “Inchworm” desde Dubai ha aparecido en mi mente.

Y la segunda, es un dato que desconocía de Hans Christian Andersen. El dato de que comenzó su carrera artística como cantante y que lo acerca a todo lo que he estado contando hasta el momento. Pero probablemente no lo hubiera mencionado si no hubiera encontrado esta frase en mi fiel Wikipedia. Una frase que es de las más oscuras que he leído en una presentación de un escritor  y que termina de cerrar el círculo con el universo de Bowie:

Andersen decidió convertirse en cantante de ópera y se trasladó a Copenhague en septiembre de 1819. Una vez allí fue tomado por lunático, rechazado y prácticamente se quedó sin nada; pero hizo amistad con los músicos Christoph Weyse, Siboni y más tarde con el poeta Frederik Hoegh Guldberg.

Ahí lo dejo, que bastante he divagado ya, pero creo que es importante ver que un relato que una estupenda escritora española escribe en 2017 en Dubai, puede depender de uno de los autores de cuentos infantiles más conocidos que fue tomado por lunático en 1819 en Copenhague .

“Inchworm”, relato corto de Cristina Jurado

 Al igual que todos los relatos que he leído de Cristina, Inchworm tiene un efecto de “filtro de color fotográfico” que se superpone a las imágenes que se crean en mi mente según voy leyendo. Es algo de lo que me he dado cuenta después de leer varias de sus creaciones pero que cada vez veo más claro. Es una especie de pátina o niebla que se entremezcla con la atmósfera del relato y que permanece estable durante toda la historia. A veces es negra, otras roja y otras, como en este caso, es blanca.

Me imagino al protagonista de la historia en un mundo a caballo entre las realidad y la ficción, la consciencia y la inconsciencia, la vida y la muerte. Pero siempre está borroso, detrás de ese filtro blanco, como si un muro de fina niebla se interpusiera entre la historia y mi percepción de ella.

Este relato no va de especulación, ni de tramas atractivas, ni de viajes y sobre todo, este relato no va de héroes. Este relato va de personajes y sobre todo de sensaciones y sentimientos, tanto del protagonista como del lector.

Al volver a leerlo después de la investigación que he realizado, me he dado cuenta de pequeños detalles que me habían pasado desapercibidos y que ahora me hacen darme cuenta de lo cuidadas que están las palabras que Cristina elige en cada párrafo. Con un estilo que ya para mí es muy reconocible y con una prosa exquisita, la autora consigue transmitir mucho sin mostrar casi nada.

Enlaza su historia, magistralmente bajo mi punto de vista, con la vida personal de Bowie y de su hermano (que se suicidó), para terminar con un párrafo que te explota en la cara mezclando conceptos que no terminas de saber si son parte de la historia, de la vida de Bowie, del video de “Ashes to Ashes” o de alguna otra realidad que la autora quiere dejar en el aire.

Y te acuerdas de Bowie, de “Ashes to Ashes”, de los niños cantando “Inchworm”, de Hans Christian Andersen, de las orugas, de tu hermano, de la niebla, de Cristina escribiendo el relato en Dubai y de ti mismo leyéndolo en el sofá. Y tu salón se vuelve blanco.

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